Rodar sobre grava entre cráteres dormidos, encinares que huelen a resina y calas de aguas turquesas: pocos territorios lo ofrecen con tanta intensidad como el entorno de Girona. Esta guía recorre los caminos menos transitados que unen La Garrotxa con el Mediterráneo, desvelando sus secretos mejor guardados sobre dos ruedas. Encontrarás la preparación esencial, los detalles técnicos de los recorridos más icónicos y consejos prácticos sobre navegación, clima y logística, para que cada salida sea segura y memorable. ¿Buscas combinar aventura, naturaleza y desafío físico? Aquí empieza tu descubrimiento del gravel en su estado más puro.

Por qué Girona es un destino de referencia para el gravel

Geografía y clima que favorecen la rodada

Girona no es una ciudad cualquiera para montar en bicicleta; es un cruce de caminos donde la geografía se convierte en un lienzo perfecto para el gravel. Los ríos Ter y Onyar dibujan valles fértiles entre colinas suaves. Al norte, el Pirineo se alza imponente; al este, la costa mediterránea se extiende hasta el horizonte. Este mosaico de terrenos es único en Europa: en una misma salida puedes rodar sobre pistas compactas de tierra roja, atravesar bosques de alcornoques, cruzar pequeños puentes de piedra y asomarte a acantilados donde el mar rompe a tus pies.

El clima mediterráneo es el gran aliado del gravelista. Los veranos secos y calurosos dejan el terreno firme y rápido, aunque el calor aprieta al mediodía. Los inviernos suaves y luminosos permiten rodar sin cubrirse en exceso, salvo en los días de tramontana, que sopla con fuerza desde el norte. La primavera y el otoño son las estaciones doradas: temperaturas templadas, días largos y caminos en su punto óptimo de adherencia, ni polvo ni barro. Esta ventana casi permanente de buen tiempo hace de Girona un destino al que se vuelve una y otra vez, con la certeza de encontrar condiciones rodables durante la mayor parte del año.

Perfil del ciclista que visita la zona

Las rutas que parten de Girona no son para principiantes. El ciclista que llega aquí busca un reto serio, con desniveles que oscilan entre los 500 y los 2.000 metros por salida, según te quedes en el llano del Empordà o te adentres en las estribaciones de la Garrotxa. El terreno es variado y exigente: pistas forestales bien mantenidas que suben sin tregua, caminos agrícolas que se convierten en barro tras una lluvia, y tramos técnicos de piedra suelta que ponen a prueba la habilidad con el manillar.

El perfil típico es el de un ciclista con experiencia, acostumbrado a gestionar esfuerzos largos y a tomar decisiones sobre la marcha. No se viene a Girona a hacer un paseo turístico; se viene a exprimir cada pedalada entre volcanes dormidos y viñedos, a buscar esa subida que te deja sin aliento y ese descenso rápido que te hace sonreír bajo el casco. Las rutas están pensadas para quien valora la autonomía, la navegación con GPS y la capacidad de adaptarse a lo inesperado. Aquí, el gravel no es una moda, es una forma de entender la bicicleta: conectar con el paisaje, sudar y, al final del día, recompensarse con una buena comida y una copa de vino del Empordà.

Preparación antes de salir: equipo y logística

Antes de lanzarte a rodar entre volcanes y mediterráneo, dedica unos minutos a revisar la bicicleta y planificar la jornada. El gravel exige fiabilidad; una avería a mitad de una pista volcánica puede arruinar el día.

Bicicleta y mantenimiento básico

Empieza por los frenos: comprueba que las pastillas tienen grosor suficiente y que la respuesta es inmediata, sobre todo en los descensos con gravilla suelta. La presión de los neumáticos es clave. Si montas sin cámara, lo habitual es rodar entre 2,0 y 2,8 bares según tu peso y el terreno, aunque siempre es mejor llevar un manómetro pequeño. Lleva un kit de reparación completo: parches autoadhesivos, multiherramienta con llaves Allen y destornillador, y una bomba compacta o cartuchos de CO₂. Para rutas de más de 60 kilómetros, considera añadir un portabidón extra en el cuadro o el manillar, y una bolsa de cuadro con barritas energéticas, frutos secos o un sándwich. No olvides revisar la cadena y lubricarla la noche anterior; una cadena seca se convierte en un suplicio en tramos polvorientos.

Ropa y avituallamiento según la estación

Girona tiene clima mediterráneo, pero las rutas hacia la Garrotxa o la costa pueden dar un giro brusco. En verano, la protección solar es innegociable: crema de factor alto, gafas con lente fotocromática y una camiseta transpirable de manga larga para evitar quemaduras. Hidrátate con generosidad, al menos un bidón de 750 ml por hora en jornadas calurosas, y planifica puntos de agua en fuentes o bares. En invierno, la clave es vestirse por capas: una base transpirable, una capa intermedia de forro polar fino y un cortavientos que corte el cierzo de la llanura. Las manos y los pies sufren especialmente, así que unos guantes largos y cubrezapatillas marcan la diferencia. Lleva siempre un chubasquero ligero y plegable, porque las tormentas en zonas montañosas aparecen sin aviso, y un corte de viento en un descenso puede ser peligroso.

Punto de partida habitual: el parque de la Devesa

El parque de la Devesa, junto al casco antiguo y a orillas del río Ter, es el punto de encuentro clásico para los ciclistas de la zona. Es amplio, con bancos y sombras, perfecto para ultimar detalles antes de salir. Desde allí accedes a varias rutas sin necesidad de coger el coche, ya que las pistas hacia el este y el oeste conectan rápido con caminos rurales. Si llegas en vehículo, hay aparcamientos diseminados en las afueras del parque, cerca del puente de Pedret o en la zona del pavelló, donde puedes dejar el coche sin problemas. Eso sí, llega temprano los fines de semana, porque el ambiente ciclista es intenso y el espacio se llena rápido.

GPS y plataformas de rutas compartidas

La red de caminos que rodea Girona es un laberinto fascinante de pistas de tierra, senderos empedrados y carreteras secundarias que se entrelazan entre campos de olivos, viñedos y bosques de alcornoques. Pero la mayoría de estas rutas carecen de señalización oficial. Fiarte solo de la intuición o de las indicaciones de un vecino es la receta perfecta para terminar en un callejón sin salida o en una propiedad privada. La tecnología lo resuelve: antes de salir, descarga los archivos GPS de los recorridos desde plataformas como Wikiloc, Komoot o Ride with GPS. Muchos clubes locales, como el Girona Cycling Club o tiendas especializadas, publican tracks verificados y comentados por ciclistas que conocen cada bache y desvío. No te quedes con un solo archivo; revisa los comentarios recientes para detectar cierres temporales, obras o tramos en mal estado.

Lleva el teléfono en el manillar con una app de navegación offline, como OsmAnd o Maps.me, que funcionen sin datos. La cobertura móvil en el Gironès y la Garrotxa puede ser irregular, y la batería se agota rápido con el GPS activo. Una batería externa de 10.000 mAh en el bolsillo del maillot es un seguro barato (entre 15 y 30 euros) que te ahorrará más de un susto. Configura la alerta de desvío para que el teléfono pite si te sales de la ruta, y practica la lectura de curvas de nivel antes de enfrentarte a pendientes pronunciadas.

Señalización y respeto por el entorno

Aunque muchas pistas parecen públicas, buena parte de los caminos rurales cruzan fincas agrícolas privadas o pasan junto a reservas naturales protegidas, como la Zona Volcánica de la Garrotxa. Respeta siempre los carteles de propiedad privada y los límites de los parques naturales. Si encuentras una puerta metálica o de madera, ciérrala después de pasar, tal como la encontraste: los ganaderos y agricultores dependen de que estos accesos permanezcan cerrados para controlar el ganado y proteger los cultivos. Evita los caminos restringidos, aunque parezcan atajos tentadores, y nunca atravieses campos con cultivos activos: una rodada de gravel puede arruinar semanas de trabajo. En época de cosecha o siembra, los tractores levantan polvo y barro que reducen la visibilidad; reduce la velocidad y saluda con la mano. La convivencia con el mundo rural es la clave para que estas rutas sigan siendo accesibles para todos.

Ruta clásica: el ascenso a Rocacorba y sus accesos de gravel

Aproximación por pistas y la subida mítica

La Rocacorba es, sin discusión, uno de los puertos más emblemáticos del ciclismo gerundense, pero la versión gravel de esta ruta va mucho más allá de la simple carretera asfaltada. La aproximación desde Girona capital se convierte en un auténtico desafío sobre tierra, ya que abandona el asfalto en los primeros kilómetros para internarse en pistas forestales y senderos que serpentean entre encinas y campos de olivos. El recorrido de ida suma unos treinta kilómetros con un desnivel acumulado que supera los 1.200 metros, una cifra que exige respeto y una buena gestión del esfuerzo. La magia de esta aproximación reside en la combinación de superficies: tramos de pista ancha y rodadora, pasos estrechos con piedra suelta, y algún que otro sector de tierra compacta que recuerda a los caminos rurales de la Toscana. La cima, coronada por la ermita y sus impresionantes vistas al golfo de Roses y al Pirineo, sigue siendo el premio final, pero el camino para llegar hasta ella es lo que realmente convierte esta ruta en una experiencia de gravel memorable.

Consejos para afrontar los tramos más duros

Los primeros kilómetros, saliendo de Girona por la zona de Sant Julià de Ramis, son engañosamente rodadores. El terreno se deja pedalear con fluidez y el ritmo alegre invita a olvidar lo que viene después. Pero la pendiente se empina de forma progresiva, y la parte final, sobre todo los últimos cinco kilómetros, se convierte en un muro constante donde cada pedalada cuenta. La clave está en mantener un ritmo constante, sin picos de potencia, y saber gestionar los cambios de desarrollo con anticipación. No hay fuentes ni puntos de avituallamiento en toda la subida, así que la planificación es esencial.

  • Comienza temprano para evitar el calor y el tráfico.
  • Usa un desarrollo compacto (plato pequeño y cassette amplio).
  • Guarda energía para los últimos 5 kilómetros, los más empinados.
  • Disfruta de las vistas del valle del Ter en el descenso, con precaución en curvas con gravilla suelta.

El descenso, aunque técnico por momentos, recompensa con panorámicas espectaculares. La gravilla suelta en las curvas cerradas exige frenar antes de entrar y trazar con suavidad. Si el día es claro, la vista del Mediterráneo al fondo es un recordatorio de que esta tierra vive entre volcanes y mar, y que cada pedalada sobre tierra cuenta una historia geológica y ciclista a partes iguales.

Ruta panorámica: el circuito del lago de Banyoles

Características del terreno y desnivel

Este recorrido circular, de unos 40 a 50 kilómetros, es una joya escondida para los amantes del gravel en la zona de Girona. Parte desde el mismo pueblo de Banyoles y bordea el lago por pistas de tierra compacta, entre cañizares y antiguas masías. El terreno, mayoritariamente rodador y con buen agarre incluso en días húmedos, permite llevar un ritmo alegre sin bajar la guardia: algunas secciones junto a la orilla exigen esquivar raíces y piedras sueltas. Tras unos primeros kilómetros llanos, el trazado gana altura con subidas suaves hacia las colinas de Cornellà del Terri y Porqueres. Son rampas de pendiente media pero constante, que regalan vistas abiertas hacia el Pla de l’Estany y, en días claros, hasta el perfil azulado del Montseny al sur. El desnivel total ronda los 600 a 800 metros, una cifra ideal para una salida de ritmo medio, donde puedas conversar y disfrutar del paisaje sin sufrir de más. El asfalto apenas aparece, y cuando lo hace, son tramos cortos de conexión entre pistas forestales.

Paradas recomendadas y puntos de interés

El lago de Banyoles es una zona protegida: respeta escrupulosamente las áreas de baño y la fauna acuática que anida en sus orillas. No te salgas de los caminos marcados ni intentes atajar por los humedales. Hay varios miradores habilitados, como el de la Draga o el de la Puda, donde detenerte a contemplar el agua quieta entre bosques de encinas y robles. Pequeñas áreas de descanso con bancos de madera jalonan el circuito, perfectas para un avituallamiento rápido con barritas y agua. En el propio pueblo, la plaza mayor ofrece terrazas para reponer fuerzas con un vermut y un plato de embutidos locales antes del regreso.

“El circuito de Banyoles es perfecto para rodar en grupo: ofrece variedad sin ser extremo, y las vistas del agua entre bosques de encinas son inolvidables.”

Variante con más gravel

¿Buscas más tierra y menos contemplación? Existe una alternativa que se adentra en las colinas del este, hacia el término de Camós. Esta variante abandona las pistas pulidas del lago para meterse en caminos más rotos, con piedra suelta, baches y algún tramo de sendero técnico que pondrá a prueba tu manejo de la bicicleta. El terreno se vuelve más exigente, con pendientes cortas pero pronunciadas que obligan a ponerse de pie sobre los pedales. Añade unos 300 metros de desnivel al total, acercándolo a los 1.100 metros, y requiere buena técnica para sortear los pasos más complicados sin poner pie a tierra. La recompensa llega en forma de soledad absoluta y panorámicas sobre los campos de cereal que se extienden hasta el Mediterráneo. Eso sí, lleva el manillar bien ajustado y una presión de neumáticos ligeramente inferior para mejorar el confort en las zonas más pedregosas.

El macizo de las Gavarres: red de pistas entre Girona y la costa

Descripción general de la red de caminos

El macizo de las Gavarres es un laberinto de pistas forestales y caminos rurales que serpentean entre los valles del interior y los acantilados del Mediterráneo. De origen paleozoico, esta formación se extiende desde las puertas de Girona hasta la costa brava, con una densidad de caminos que pocas zonas de Cataluña igualan. No hay grandes puertos de montaña aquí; en su lugar, un continuo sube y baja te lleva de bosques de alcornoques a collados con vistas al mar. La red es tan extensa que permite planificar salidas muy variadas: desde rutas asequibles de 50 kilómetros con unos 1.000 metros de desnivel positivo hasta aventuras épicas que superan los 100 kilómetros y los 2.000 metros de acumulado. Casi todo el terreno es rodador, con pistas en buen estado que facilitan un ritmo constante, aunque siempre hay sorpresas técnicas escondidas entre los senderos.

Rutas recomendadas según nivel

  • Nivel moderado: una circular de 55 kilómetros que sale directamente de Girona, remontando el valle de la Bisbal para después girar hacia el sur. Discurre por pistas anchas de tierra compacta, con algún tramo de piedra suelta que exige atención pero sin grandes complicaciones. Ideal para una mañana de invierno o una tarde de primavera, con parada obligatoria en alguno de los pueblos de piedra que jalonan el recorrido.
  • Nivel avanzado: una ruta de 80 kilómetros que desciende hacia la costa de Begur o Palamós. El perfil se vuelve exigente: subidas empinadas con rampas que superan el 10% y descensos técnicos con curvas cerradas y grava profunda. La recompensa llega al alcanzar el mar, con vistas sobre calas escondidas y la posibilidad de refrescarse antes de afrontar el retorno por el interior.
  • Nivel experto: un enlace de varios días que combina el macizo con la costa, utilizando pueblos como Calonge, Monells o Palamós como puntos de avituallamiento y descanso. Cada jornada puede superar los 90 kilómetros, con acumulados de más de 2.000 metros, y exige llevar equipaje o planificar traslados de coche. Es la forma definitiva de conocer la zona en profundidad.

Terreno y dificultades técnicas

Espera una mezcla constante de hardpack, grava suelta y rocas que asoman en los tramos más erosionados. La base es mayoritariamente granítica, lo que proporciona buen agarre en seco, pero tras lluvias abundantes algunos sectores se convierten en barro resbaladizo que puede dañar tanto la bici como los propios caminos. Consulta siempre el pronóstico antes de salir y evita rodar si ha llovido mucho en los días previos; no solo es una cuestión de seguridad, sino de respeto por el entorno y por los vecinos que usan estas pistas a diario.

Rutas volcánicas: la zona de la Garrotxa

Paisaje de conos y coladas

Al norte de Girona, la Garrotxa muestra un escenario volcánico único en la península. La gravel bike encuentra aquí su hábitat perfecto: pistas de tierra compacta, sendas entre bosques y tramos de piedra volcánica que cruzan cráteres dormidos, coladas de lava solidificada y hayedos que cambian de color según la estación. Las rutas clásicas van de 60 a 90 kilómetros, con desniveles entre 1.000 y 1.500 metros. No son caminos planos; exigen piernas y pulmones. Pero la recompensa llega con las vistas de la Fageda d’en Jordà, el Croscat o el volcán de Santa Margarida, donde el asfalto desaparece y la pista manda. El terreno mezcla secciones rápidas de rodadura fina con repechos duros, así que conviene dosificar desde el principio.

Acceso y combinación con otros recorridos

Para llegar al corazón de la Garrotxa, lo más fácil es ir en coche hasta Olot o Santa Pau. Ambos pueblos ofrecen aparcamiento y servicios, y desde allí las rutas entran casi de inmediato en el paisaje volcánico. Si buscas una jornada más larga, puedes pedalear desde Girona por carreteras secundarias tranquilas, añadiendo unos 30 o 40 kilómetros antes de tocar tierra. El esfuerzo extra vale la pena: hay poco tráfico y una sensación de soledad difícil de encontrar cerca de la costa. Para varios días, combina la Garrotxa con los senderos del Collsacabra o baja al sur para enlazar con los caminos del Empordà. Así se forma un circuito de gravel de varios días sin repetir paisaje.

Consideraciones especiales

El suelo volcánico, sobre todo con lapilli y escoria, es abrasivo y puede cortar o pinchar los neumáticos. Para rodar seguro, monta cubiertas de perfil medio con buen agarre lateral y carcasa resistente, como las tubeless con sellante. Baja un poco la presión para ganar tracción en piedra suelta, pero sin pasarte para evitar llantazos en los descensos rápidos. Otro detalle: la cobertura móvil es irregular en valles profundos y bosques de hayas. No es una zona remota, pero hay tramos sin señal. Lleva un mapa físico o GPS con la ruta descargada; es imprescindible. Y aunque no sea obligatorio, un kit con dos cámaras y parches nunca sobra en este terreno.

Rutas costeras: del interior al Mediterráneo

Descensos hacia calas y pueblos marineros

Unir el interior gerundense con la Costa Brava es un festín para quien busca contraste en un mismo día. Desde Madremanya, La Bisbal d’Empordà o Monells, las subidas por las Gavarres son exigentes, con bosques de alcornoques y un silencio absoluto. Luego, la recompensa: descensos vertiginosos hacia calas escondidas y pueblos como Palamós, Calella de Palafrugell o Begur. Los últimos kilómetros antes del mar transitan por asfalto tranquilo o pista compacta, justo cuando el paisaje se abre y el Mediterráneo aparece en todo su esplendor. Son recorridos con desniveles acumulados de entre 800 y 1.200 metros, ideales para una jornada de esfuerzo que termina con un baño reparador o un arroz junto al puerto.

Planificación de avituallamiento y regreso

La logística manda. Puedes elegir rutas lineales hasta la costa y reservar un transporte de vuelta, como una furgoneta o el tren de cercanías que conecta algunas localidades costeras con Girona. La alternativa circular, más dura, te obliga a subir de nuevo por carreteras secundarias o pistas forestales, con el premio de las vistas al atardecer sobre el golfo de Roses. En verano, esquiva las horas centrales del día en el litoral: el asfalto irradia un calor abrasador y el viento de garbí puede ser traicionero. Lo mejor es salir al amanecer, con la luz dorada sobre los acantilados, o al atardecer, cuando baja el termómetro y las carreteras se vacían.

Las rutas costeras son las más gratificantes visualmente, pero también las más expuestas al viento y al calor; planifica bien los puntos de agua.

Seguridad en carreteras y caminos

La aproximación a las calas comparte asfalto con vehículos turísticos, sobre todo en temporada alta. Circula en fila india, respeta los márgenes y lleva luces delanteras y traseras encendidas, incluso de día, para ser visible en las curvas ciegas. En las pistas de las Gavarres, ojo con las raíces de alcornoque que cruzan el camino y las piedras sueltas en las bajadas pronunciadas: una frenada brusca sobre terreno seco puede acabar mal. Mantén el manillar firme y la mirada al frente, y no dudes en bajarte si el sendero se complica. La recompensa, eso sí, merece cada precaución.

Planificación de una salida completa: horarios, ritmo y seguridad

Estructura típica de una jornada

Disfrutar de una ruta de gravel por la comarca de Girona sin sobresaltos empieza por estructurar el día con margen. Sal entre las siete y las ocho de la mañana, cuando el aire aún es fresco y apenas hay tráfico en los caminos rurales. Tras unas dos horas y media de pedaleo, a media mañana, haz una parada corta para reponer líquidos y ajustar la presión de los neumáticos si el terreno lo pide. El almuerzo, el momento fuerte de la jornada, se planifica en torno al kilómetro cuarenta o cincuenta; busca un pueblo con fuente o un bar de carretera donde puedas dejar la bici a la vista. Después de comer, retoma el ritmo con calma, evitando las horas centrales de calor intenso en verano, y regresa al punto de partida antes de que caiga la tarde. Calcula una media realista de quince a veinte kilómetros por hora en terreno mixto, contando paradas técnicas, fotos y avituallamientos. Así, una ruta de ochenta kilómetros te llevará entre cinco y seis horas en total. No intentes superar los cien kilómetros si no conoces bien los desniveles de la zona: los tramos volcánicos y las pistas de tierra pueden ser mucho más lentos de lo que sugiere el mapa.

Gestión del esfuerzo y la hidratación

El gravel cerca de Girona mezcla ascensos suaves con sectores rotos y pedregosos, así que el esfuerzo nunca es uniforme. Alterna tramos de ritmo cómodo en carretera secundaria con zonas técnicas donde la cadencia baja y la concentración sube. No te dejes llevar por la euforia de los primeros kilómetros; guarda un veinte por ciento de tu energía para los últimos diez, que suelen ser los más duros psicológicamente. En cuanto al agua, lleva entre un litro y medio y dos litros en los bidones, más una botella plegable extra en el bolsillo del maillot si la ruta supera las cuatro horas. Las fuentes de los pueblos no siempre están operativas fuera de temporada, así que no dependas de ellas. Añade electrolitos en polvo al segundo bidón y haz una parada de cinco minutos cada hora para beber, aunque no tengas sed. En días calurosos, moja la cabeza y el cuello en cada fuente que encuentres; la bajada hacia el Mediterráneo se agradece, pero la vuelta hacia el interior puede convertirse en una trampa de calor. Lleva también un kit de reparación con al menos dos cámaras, un multiherramienta y un inflador, porque los pinchazos en terreno volcánico son frecuentes. Y avisa a alguien de tu ruta prevista: muchas pistas carecen de cobertura móvil, y la prudencia es tan importante como la forma física.