Los 10 mejores puertos de gravel para conquistar cerca de Girona
Descubre los 10 mejores puertos de gravel cerca de Girona: rutas épicas, paisajes únicos y desafíos para conquistar sobre dos ruedas.

Los alrededores de Girona esconden algunos de los puertos de gravel más espectaculares del sur de Europa. Si buscas emociones fuertes sobre dos ruedas y un desafío que ponga a prueba tu resistencia, esta guía reúne los diez ascensos más recomendables para rodar cerca de la ciudad. Cada puerto incluye perfiles detallados, accesos claros y consejos prácticos pensados para ciclistas de nivel medio o avanzado. Desde la icónica Rocacorba, que pone los pelos de punta, hasta joyas escondidas en las Gavarres, todos han sido seleccionados por sus pistas no técnicas, sus paisajes que quitan el aliento y la fiabilidad de su navegación. Prepárate para descubrir rutas que combinan esfuerzo, belleza y la libertad única del gravel en un terreno que invita a conquistar.
Preparación general y logística para rodar los puertos de Girona
Cómo elegir el puerto según tu estado de forma y experiencia
Los puertos de gravel que rodean Girona no exigen lo mismo a todos. Si eres novel o vienes de la carretera buscando una primera toma de contacto, decántate por ascensiones cortas y de pendiente media, como las de la sierra de Rocacorba desde Sant Martí de Llémena: rampas sostenidas pero rodables, firme compacto y vistas que compensan cada pedalada. Quienes tienen más bagaje encontrarán en las Gavarres, con el Coll de les Gavarres o el Puig d’en Batalla, tramos más rotos, desniveles acumulados y zonas donde la técnica manda tanto como las piernas. Sé honesto con tu nivel antes de elegir: no basta con mirar la pendiente media; cuenta los kilómetros totales y el tipo de terreno. Un puerto de seis kilómetros con rampas del 12% y piedra suelta puede destrozar a un ciclista intermedio, mientras que un ascenso más largo pero con descansos permite disfrutar del paisaje. Si dudas, empieza por los puertos del norte, cerca de Banyoles, donde las pistas forestales están más cuidadas, y deja las Gavarres para cuando domines el control de la bici en bajadas técnicas. Revisa también el desnivel acumulado de la ruta completa: algunos puertos se encadenan y el esfuerzo total supera lo que indica la ficha individual.
Equipamiento imprescindible: navegación, repuestos y avituallamiento
- Llevar siempre GPS con track cargado; la señalización de trail es escasa o inexistente.
- Portar al menos dos bidones y comida de emergencia; no hay fuentes ni bares en las subidas.
- Usar neumáticos de gravel con taco medio; algunas pistas en las Gavarres pueden estar sueltas o con piedras.
- Revisar el parte meteorológico: tras lluvias, ciertos tramos de tierra se vuelven embarrados o intransitables.
- Planificar la vuelta con margen para llegar a los pueblos base antes del cierre de servicios.
La navegación es tu mejor aliada. Descarga el track en tu GPS o móvil antes de salir, porque dentro de los bosques de alcornoques la cobertura móvil desaparece y los cruces se parecen todos. Si vas a zonas muy recónditas, lleva un mapa de respaldo en papel. En cuanto a repuestos, no escatimes: una cámara de repuesto, parches, multiherramienta con llaves de radios, eslabón rápido y un mini inflador o cartuchos de CO2. Las pistas castigan las ruedas con cortes laterales, y una rotura a mitad de puerto sin repuestos convierte la aventura en una caminata de varias horas. Para el avituallamiento, olvídate de encontrar fuentes o bares en las subidas: la mayoría de puertos transcurren por parajes naturales sin servicios. Dos bidones grandes son el mínimo; si el día es caluroso, mejor tres o un camelback. La comida debe ser densa en energía: barritas, geles o frutos secos que no se aplasten en el bolsillo. Un pequeño botiquín con tiritas y desinfectante también es recomendable, porque las caídas en gravel son frecuentes. Consulta la previsión del tiempo el mismo día: la tramontana puede convertir una bajada en una lucha, y la lluvia deja los senderos de tierra como barro resbaladizo intransitable. Y no olvides que muchos pueblos base, como Llagostera o Cassà de la Selva, cierran sus servicios al mediodía; calcula tu regreso con margen para reponer fuerzas o reparar algo antes de que todo cierre.
Los grandes clásicos: Rocacorba y Els Angels
Dos subidas que todo amante del gravel debería tener marcadas en el mapa. No son las más largas ni las más técnicas de la zona, pero condensan la esencia del terreno gerundense: asfalto, pista, desniveles serios y paisajes que cortan la respiración. Desde Girona se llega en un rodaje corto, así que funcionan de maravilla para una mañana de esfuerzo intenso.
Rocacorba: la subida de referencia con tramos mixtos y vistas al 360 grados
Rocacorba no necesita carta de presentación entre los ciclistas locales. Es el puerto de entrenamiento por excelencia, la vara de medir de la zona. Desde el llano de Canet d’Adri, la carretera ancha y de pendiente constante invita a apretar. Pero el gravel de verdad empieza cuando se acaba el asfalto. Pasada la curva de la Font de la Teula, la pista se estrecha, la superficie se vuelve más suelta y la pendiente aprieta de verdad. Hay rampas que superan el 15%, con piedra suelta y surcos que obligan a elegir bien la trazada. No es un puerto para novatos: exige gestionar fuerzas, mantener el equilibrio y montar neumáticos de tacos con presión baja. La recompensa, una panorámica de 360 grados desde la cima, con el Mediterráneo al este y los Pirineos nevados al norte. En días claros, la vista es sencillamente espectacular.
Els Angels: ascenso constante sobre pista compacta y ermita como meta simbólica
A pocos kilómetros de Girona, Els Angels ofrece una alternativa más rodadora, aunque igual de exigente. La subida clásica sale desde el Santuari dels Angels, pero la versión gravel discurre por la vertiente de la carretera vieja, en su mayoría pista de tierra compactada. El desnivel es constante, sin rampas brutales, lo que permite mantener un ritmo sostenido y disfrutar del entorno boscoso. A diferencia de Rocacorba, aquí no hay tramos rotos ni pendientes que obliguen a echar pie a tierra; es un puerto para rodar con fluidez, para encontrar el ritmo y mantenerlo hasta la ermita. La meta simbólica es el propio santuario, un mirador natural sobre la llanura del Gironès. La vista es menos extensa que la de Rocacorba, pero la tranquilidad del lugar y el contraste entre el bosque y los campos de cultivo compensan con creces. Es la subida perfecta para un día de rodaje intenso sin la tensión técnica de su vecina.
Rocacorba exige respeto: los primeros kilómetros desde el llano son engañosos, y el tramo final sobre tierra puede superar el 15% de pendiente. La recompensa es una panorámica que abarca desde el Mediterráneo hasta los Pirineos.
La red de puertos en las Gavarres: cortos, rotos y con encanto medieval
Al sur de Girona, el macizo de las Gavarres se despliega como un laberinto de colinas vestidas de alcornoques y encinas. Una maraña de pistas forestales lo atraviesa, y los ciclistas de gravel han hecho de ellas su patio de juegos. Aquí no hay puertos interminables de veinte kilómetros. La filosofía es otra: subidas explosivas, de entre 2 y 5 kilómetros, que exigen cambios de ritmo constantes y una técnica depurada para mantener la tracción sobre superficies que cambian sin avisar. Terreno perfecto para series intensas o para encadenar varios puertos en una ruta circular que te devuelva al inicio con las piernas cargadas de razón.
Madremanya y Monells: puertos de acceso con inicio en pueblos amurallados
La magia empieza antes de pedalear. Madremanya y Monells son pueblos medievales de piedra, con calles empedradas y plazas porticadas que parecen detenidas en el tiempo. Desde sus núcleos amurallados parten carreteras locales estrechas que a los pocos metros se convierten en pistas de tierra. El puerto que asciende desde Monells hacia Sant Climent de Peralta es un clásico: unos 3,5 kilómetros con rampas iniciales que superan el 10% nada más dejar atrás el arco de la plaza, para luego suavizarse hasta un 6-7% sobre tierra compacta con zonas de gravilla suelta en las curvas. El de Madremanya es más corto y traicionero: apenas 2 kilómetros, con un tramo central que combina roca descompuesta y regueros de lluvia, obligando a elegir bien la trazada. Ambos son ideales para calentar o para repetir en series de 5 a 10 minutos.
Subidas interiores de las Gavarres: pistas forestales con tramos sueltos y desniveles explosivos
En el corazón del macizo, los puertos cambian de carácter. Las pistas forestales se vuelven más angostas, con firme de gravilla suelta, tierra batida y, en algunos tramos, afloramientos rocosos que ponen a prueba la elección de desarrollo. Subidas como la del puerto de Canapost o la que asciende hacia el collado de la Creu de Montagut presentan desniveles medios que rondan el 8-9%, con rampas puntuales de dos dígitos que exigen levantarse del sillín y mantener el peso atrás para no perder tracción. Son puertos “rotos”, con cambios de pendiente constantes, falsos llanos que engañan y curvas de herradura donde la gravilla se acumula en el interior. La recompensa es doble: vistas panorámicas sobre el Empordà y la posibilidad de enlazar varios de estos puertos en una sola salida circular de 60-80 kilómetros, con desniveles acumulados que superan los 1.500 metros. Para disfrutarlos con seguridad, unos neumáticos de 40-45 mm y una presión ligeramente inferior a la habitual marcan la diferencia entre sufrir y volar.
Planificación de rutas circulares y combinación de puertos
Diseño de bucles desde Girona capital con aproximación plana
Partir desde Girona capital tiene una ventaja innegable: la aproximación a cualquier puerto de la zona transcurre, en su mayoría, por terreno llano o con pendientes muy suaves. Así se calientan las piernas de forma progresiva, sin castigar las rodillas antes de la primera rampa seria. Para diseñar un bucle inteligente, conviene salir hacia el oeste o el noroeste por carreteras secundarias y pistas de tierra bien marcadas, evitando las vías rápidas. Un clásico es dirigirse hacia Sant Gregori o Canet d’Adri, donde el asfalto da paso a pistas compactadas que suben suavemente hacia las primeras estribaciones de la Gavarres o el Montseny. La clave está en elegir un punto de partida que combine un tramo inicial de 10 a 15 kilómetros prácticamente plano, para que el cuerpo entre en ritmo, y que luego el desnivel aparezca de forma gradual. De este modo, se llega al pie de un puerto como el de Santa Pellaia o el de Els Angels con las piernas ya activadas, pero sin haber gastado energías de más.
Estrategias para encadenar dos o tres puertos en una salida larga
Encadenar varios puertos en una sola salida es una de las experiencias más gratificantes para el ciclista de gravel, aunque exige una planificación meticulosa. La estrategia más efectiva consiste en alternar puertos de diferente dificultad: empezar con uno de pendiente media y longitud corta, como el de Romanyà de la Selva, para ir calentando; seguir con un puerto más largo y exigente, como el de Sant Hilari Sacalm o el Coll de Revell; y terminar con uno más rodador que permita bajar con fluidez hacia Girona. Entre puerto y puerto, es fundamental incluir tramos de transición por pistas forestales o caminos de servicio que no solo enlazan los puntos, sino que ofrecen descanso activo y permiten disfrutar del paisaje. Una salida típica de 90 a 110 kilómetros puede sumar entre 1.500 y 2.200 metros de desnivel positivo si se eligen bien los collados. En cuanto a avituallamiento, lo ideal es llevar al menos dos bidones y algo de comida sólida, ya que en muchas zonas forestales no hay fuentes ni bares. El ritmo debe ser constante, sobre todo en los primeros puertos, para no llegar fundido a la última subida.
La clave para una gran ruta está en la aproximación: salir desde el llano de Girona permite calentar bien las piernas antes de encarar la primera rampa. Una circular típica puede sumar entre 60 y 120 kilómetros con 1.200 a 2.500 metros de desnivel positivo.
Temporada, condiciones del terreno y seguridad
Primavera y otoño: las ventanas ideales para rodar sobre tierra
¿Buscas el momento perfecto para exprimir los puertos de gravel que rodean Girona? Primavera y otoño son tus grandes aliados. Entre marzo y junio, los caminos ofrecen un equilibrio magnífico: tierra compacta tras las lluvias invernales, sin barro pegajoso, y temperaturas suaves que invitan a afrontar subidas largas sin agobios. Un aviso: las lluvias de abril pueden sorprenderte. Revisa el cielo antes de salir y guarda una chaqueta cortavientos en el bolsillo. De septiembre a noviembre, la cosa mejora aún más. El verano ha secado los senderos, las cunetas están limpias y el paisaje ocre invita a pedalear hasta que caiga la luz. Eso sí, las hojas caídas pueden camuflar piedras sueltas o raíces; en las curvas cerradas, modera la velocidad y confía más en tu vista que en la memoria.
Gestión del calor estival y del barro invernal en las pistas
El verano gerundense no perdona. Entre julio y agosto, las horas centrales del día convierten cualquier repecho en una sauna; lo sensato es madrugar y estar de vuelta antes de las once, o salir al atardecer. Lleva siempre protección solar, gafas con buen filtro y, sobre todo, más agua de la que crees necesaria: en rutas de gravel, las fuentes no siempre aparecen donde esperas. Si te empeñas en rodar a mediodía, busca puertos con sombra, como los que discurren entre alcornoques hacia las Gavarres.
El invierno es otra historia. Las pistas de tierra se convierten en barrizales traicioneros tras cualquier precipitación, y el agarre desaparece en cuestión de metros. Nuestra recomendación: solo salgas después de varios días consecutivos sin lluvia, y antes de lanzarte, consulta foros locales o grupos de ciclistas donde se reporta el estado real de los caminos. Un camino que parece firme desde la carretera puede esconder un lodazal en su primer kilómetro. Con paciencia y criterio, incluso enero ofrece jornadas épicas sobre tierra, pero siempre con neumáticos anchos y algo de experiencia en terrenos resbaladizos.
Navegación, descarga de tracks y recursos prácticos
Fuentes fiables para obtener rutas GPS y consejos de la comunidad local
Antes de lanzarte a por cualquiera de estos puertos, necesitas una buena base cartográfica. Plataformas como Komoot, Ride with GPS o Strava son el punto de partida habitual, pero no te quedes solo con la primera ruta que veas. Busca tracks creados por ciclistas locales o por organizadores de marchas gravel de la zona; suelen conocer los atajos, los tramos de pista en peor estado y los desvíos que evitan el asfalto. Contrasta siempre dos fuentes distintas para la misma ruta: si los perfiles coinciden en desniveles y longitud, es buena señal. Los grupos de Facebook y Telegram dedicados al gravel gerundense son una mina de información actualizada sobre cortes de caminos, fincas con perros sueltos o zonas recién asfaltadas que han perdido su encanto. No subestimes tampoco las tiendas de bicicletas de Girona; muchas publican tracks propios y organizan salidas guiadas donde aprenderás los secretos de estos puertos de primera mano.
Cómo interpretar los perfiles y preparar el dispositivo antes de salir
Un perfil de elevación en gravel no se lee igual que en carretera. Aquí los porcentajes medios engañan: lo que importa son los rampones puntuales, esos tramos del 12-15% sobre tierra suelta o piedras que te obligan a ponerte de pie sobre la bici. Fíjate en la gráfica de pendiente acumulada y localiza los tramos más duros para dosificarte mentalmente. Antes de salir, descarga el mapa completo de la zona en tu dispositivo GPS o móvil para que funcione sin cobertura móvil; en muchos de estos puertos la señal es inexistente o intermitente. Lleva siempre un powerbank: los puertos largos, con el GPS activo y la pantalla encendida, agotan la batería en menos de lo que piensas. Y anota en tu cuaderno de ruta los puntos de agua y comida en los pueblos base que flanquean estas ascensiones: Madremanya, Monells, Canet d’Adri o Llagostera son los lugares naturales para repostar antes de encarar la subida o después de coronar. Un bidón extra y un par de barritas no ocupan nada, pero te pueden salvar una salida que se alarga más de lo previsto.
Conclusión
Con estos puertos y consejos ya tienes lo imprescindible para planear salidas memorables sobre tierra en los alrededores de Girona. Esfuerzo, paisaje y navegación fiable se combinan en cada ruta, que ofrece un equilibrio único entre exigencia física y recompensa visual: desde cimas boscosas hasta crestas que se asoman al mar. La clave está en conocer tu nivel, montar la bicicleta adecuada y fiarte de los track detallados para no perderte entre pistas y senderos. Así que elige tu próximo puerto, llena los bidones y sal a descubrir por qué esta comarca es un paraíso para el gravel. Tu próxima aventura empieza en cuanto dejas atrás el asfalto.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mejor puerto de gravel para principiantes cerca de Girona?
El puerto de Santa Pellaia, con su ascenso gradual desde Cassà de la Selva, es ideal para empezar. Su firme es mayormente compacto y ofrece vistas suaves sin rampas exigentes, perfecto para ganar confianza sobre la bici de gravel.
¿Qué puerto de gravel ofrece el mayor desnivel acumulado en la zona de Girona?
El puerto de Rocacorba, aunque su vertiente clásica es asfaltada, tiene variantes de pista que suman más de 800 metros de desnivel. La ruta por la pista de Canet d’Adri hasta el collado es técnica y exigente, con rampas de hasta el 18% en algunos tramos.
¿Hay puertos de gravel aptos para hacer en familia o con niños cerca de Girona?
El puerto de Els Angels, desde Llagostera, tiene una vertiente de pista ancha y sin pendientes peligrosas, con apenas un 6% de desnivel medio. Es una subida corta de unos 5 kilómetros, con zonas de descanso y fuentes, ideal para una salida tranquila en familia.
¿Cuál es el puerto de gravel más técnico y exigente de los alrededores de Girona?
El puerto de Coll de Sils, por la pista de Santa Coloma de Farners, es el más técnico, con tramos de piedra suelta, raíces y pendientes de hasta el 15%. Requiere buena gestión del peso y neumáticos anchos, y solo se recomienda a ciclistas con experiencia en terreno roto.
¿Qué puerto de gravel combina mejor con vistas al mar y a la costa brava?
El puerto de Sant Grau, desde Calonge, ofrece una subida de pista con vistas panorámicas al Mediterráneo y a las islas Medes. Su firme es mixto, con tramos de tierra compacta y otros más sueltos, y la bajada hacia Palamós es espectacular, con el mar siempre presente.
¿Cuál es la mejor época del año para subir los puertos de gravel de Girona?
La primavera y el otoño son ideales, con temperaturas suaves y menos barro en los tramos de pista. En verano, evita las horas centrales del día, ya que el calor en las zonas de bosque bajo puede ser intenso; el invierno, con lluvias, deja algunos tramos embarrados.
¿Existen rutas de gravel que enlacen varios puertos en un solo día desde Girona?
Sí, la clásica ruta de los ‘Tres Ports’ une Els Angels, Santa Pellaia y Sant Grau en un recorrido circular de unos 90 kilómetros. Combina pistas, senderos y algo de asfalto, con un desnivel total de 1.800 a 2.200 metros, y es una de las salidas más completas de la zona.
¿Qué precauciones debo tomar al bajar los puertos de gravel de Girona?
Revisa la presión de tus neumáticos antes de bajar, ya que el firme suelto puede provocar derrapes en curvas cerradas. Lleva siempre un kit de reparación con parches y una bomba, y modera la velocidad en los tramos con piedras sueltas, especialmente después de lluvias, cuando el terreno es más resbaladizo.
¿Dónde puedo encontrar agua y avituallamiento durante las subidas a estos puertos?
En la mayoría de los puertos, como Els Angels o Rocacorba, hay fuentes naturales o pequeños bares en el collado, con precios de 2 a 5 euros por bebida o snack. En puertos más remotos como Coll de Sils, es mejor llevar al menos un litro de agua por persona, ya que no hay servicios en la cima.
¿Qué tipo de neumáticos son recomendables para estos puertos de gravel?
Para la mayoría de los puertos, unos neumáticos de 40 a 45 milímetros de ancho con taco medio son suficientes, ofreciendo buen agarre en tierra y rodadura aceptable en asfalto. Para el Coll de Sils, considera un modelo más agresivo, de 45 a 50 milímetros, para evitar pinchazos en las zonas de piedra afilada.