Girona no es solo una ciudad medieval de calles empedradas y puentes sobre el Onyar; es, para el ciclismo mundial, un santuario de asfalto y silencio. Detrás de sus colinas verdes y pueblos de piedra se esconden puertos de montaña y carreteras secundarias que han visto sudar a leyendas del Tour de Francia y la Vuelta a España. En esta guía descubrirás las rutas secretas que los profesionales eligen para forjar su resistencia, con los desniveles exactos, los puntos de avituallamiento y los tramos de adoquín o gravilla que convierten cada pedalada en un desafío épico. Prepárate para rodar sobre las mismas curvas que han esculpido a los campeones, con consejos prácticos para que tú también conquistes estos míticos puertos.

Planifica tu base de operaciones en Girona

Elegir bien dónde alojarse y cómo moverte marca la diferencia entre una semana de entrenamiento frustrante y una experiencia de otro nivel. La ciudad es compacta, pero las salidas más buenas requieren saber qué dirección tomar según el viento y el tráfico. No se trata solo de tener piernas; se trata de logística fina, de esos detalles que convierten cada amanecer en una oportunidad para rodar rápido y seguro.

Cómo llegar y dónde alojarse para rodar rápido

Llega en avión a Barcelona o al aeropuerto de Girona-Costa Brava. Desde Barcelona, un tren regional o el alquiler de coche te acercan en aproximadamente 1,5 horas; el trayecto es sencillo y bien señalizado. Una vez en la ciudad, busca alojamiento al sur o al este del casco antiguo. Esta ubicación estratégica te permite salir directo hacia Els Àngels o hacia la plana de Fornells sin tener que cruzar el centro histórico, donde el adoquín y los turistas convierten cualquier salida en una odisea. Prioriza hoteles o apartamentos con garaje cerrado para bicicletas y zona de lavado; muchos ciclistas profesionales usan la zona del Parc de la Devesa como punto de encuentro informal, así que alojarte cerca de allí te facilita unirte a grupos que salen cada mañana. Los precios de alojamiento para ciclistas oscilan entre 60 € y 150 € por noche en temporada media, dependiendo del nivel de servicio y la cercanía a las rutas.

Época del año y meteorología para entrenar como un pro

Los profesionales entrenan en Girona principalmente de octubre a abril, evitando el calor extremo del verano. La primavera, de marzo a mayo, ofrece temperaturas ideales de 12 a 20 °C, menos tráfico en las carreteras secundarias y asfalto seco, lo que permite atacar las subidas con confianza. El otoño, por su parte, es perfecto para rodar con menos viento y disfrutar de una luz dorada que hace más llevaderas las horas de sufrimiento. Evita julio y agosto a toda costa: el calor abrasador y la avalancha de turismo costero convierten las carreteras en un caos de autocaravanas y bañistas despistados. Si tu objetivo es imitar a los pros, planifica tu base entre octubre y abril, cuando la carretera es tuya y el viento de tramontana, aunque molesto, se convierte en tu mejor aliado para fortalecer piernas y carácter.

El puerto de Rocacorba: la subida de referencia

Esta es la joya de la corona. Todo profesional la conoce; muchos aficionados sueñan con subirla. No es la más dura de la zona, pero su ritmo constante, la carretera estrecha y el paisaje salvaje la hacen inolvidable. Nada de espectáculo alpino aquí: es una subida íntima, rodeada de encinas y muros de piedra seca, donde solo rompen el silencio tu respiración y el zumbido de los rodillos. Los equipos del WorldTour la usan como test de pretemporada y banco de pruebas para medir sensaciones, no para batir récords.

Perfil, acceso y ritmo recomendado

Subida de 12-13 km desde Sant Martí de Llémena hasta la ermita de Rocacorba, con pendiente media del 5-6% y rampas puntuales del 10%. El inicio es suave; la parte central se empina. Los últimos 3 km son los más exigentes, con tramos al 9-10% que aparecen tras cada curva cerrada.

Para llegar, sal de Girona por la carretera de Sant Gregori y gira hacia Sant Martí de Llémena. El puerto empieza justo después del pueblo, cuando la vía se estrecha y gana altura. Los profesionales la suben a ritmo constante (3,5-4 w/kg para aficionados fuertes), sin ataques, manteniendo una cadencia de 70-80 rpm. No es puerto para explosiones, sino para encontrar tu ritmo y sostenerlo. Apenas hay tráfico, pero ojo con las curvas ciegas y las piedras sueltas en la bajada: la carretera es estrecha y el asfalto, aunque bueno, esconde gravilla en los márgenes.

Variantes y combinaciones con otros puertos

  • Ruta clásica: Rocacorba + Coll de Sant Grau (vuelta por Sant Gregori), total 90-100 km y 1.800 m de desnivel. Perfecta para una mañana completa con dos puertos bien diferenciados.
  • Opción larga: Rocacorba + bajada hacia Canet d’Adri y regreso por la plana, añadiendo 30 km llanos para trabajo de fondo. Ideal para rodar después del esfuerzo y acumular volumen.
  • Consejo clave: no intentes hacerla dos veces seguidas el primer día. Aclimata las piernas antes con Els Àngels, una subida más corta y suave que te servirá de calentamiento perfecto para encarar Rocacorba con frescura.

Els Àngels: el puerto corto para series e intervalos

Si Rocacorba es el rey de las subidas largas y épicas, Els Àngels lleva la corona de los intervalos. Su corta distancia y pendiente constante lo convierten en un laboratorio ideal para que los profesionales trabajen la alta intensidad. No es un puerto para contemplar el paisaje ni para rodar tranquilo; aquí se viene a trabajar. Cada pedalada cuenta, y es en este tipo de esfuerzos donde se forjan las piernas que deciden las grandes vueltas.

Cómo estructurar un entrenamiento de series aquí

La subida tiene 5 kilómetros con una pendiente media del 5-6%, pero su tramo central es el que marca la diferencia: unos 800 metros al 8% que rompen el ritmo, obligan a ponerse de pie y a gestionar la potencia. Para un entreno efectivo, lo mejor es hacer de 3 a 4 repeticiones completas, con unos 10 minutos de descenso suave entre cada una. Ese tiempo basta para que las piernas se vacíen y vuelvan a cargarse.

Antes de empezar, calienta 20 minutos en el llano que lleva a la base, al sur de Girona por la carretera de Santa Coloma de Farners. El calentamiento es sagrado; si lo saltas, las series pierden calidad. Una sesión tipo para ciclistas avanzados: 3 repeticiones de 10 minutos a ritmo umbral, con un esfuerzo percibido de 8 sobre 10, seguidas de 5 minutos de pedaleo suave en la bajada para recuperar. Los profesionales suelen rodar aquí solos o en grupos muy reducidos. Respeta su espacio, no bloquees la calzada y mantén tu línea. La carretera es estrecha y las curvas exigen atención constante.

Combinación con la plana de Fornells para calentar

Para completar la jornada, la carretera que une Girona con Fornells de la Selva es un regalo. Recta, con poco tráfico y asfalto impecable, funciona como un pasillo natural para llegar a Els Àngels con las piernas ya en movimiento. Úsala como calentamiento progresivo antes de la subida, o como retorno a casa tras las series, rodando a ritmo de recuperación para bajar pulsaciones y disfrutar del paisaje. Es la guinda perfecta para un día de entreno que deja huella.

Coll de Medes: la subida larga hacia la costa

Este puerto conecta el interior gerundense con la Costa Brava, pero para los ciclistas profesionales afincados en Girona es mucho más que un acceso al mar: un banco de pruebas para la resistencia de fondo. Su considerable longitud permite largas sesiones de ritmo constante, donde el objetivo no es atacar, sino gestionar el esfuerzo. No es un muro explosivo ni una ascensión para purasangres; premia la paciencia y la capacidad de mantener una intensidad sostenida, algo esencial en las grandes vueltas.

Perfil y estrategia para afrontarla

Unos 10 km de subida desde la carretera de Sant Feliu de Guíxols, con pendiente media del 4-5% y rampas suaves que se mantienen constantes. No tiene descansos, lo que la hace psicológicamente dura.

Su dificultad no reside en un porcentaje brutal, sino en la ausencia de respiro. Aquí no hay falsos llanos que permitan recuperar; la carretera muerde de forma continua y exige concentración total. La salida desde Girona se hace por la GI-664 hacia Llagostera, girando después hacia Sant Feliu; el puerto comienza oficialmente tras el cruce de Cassà de la Selva. Los profesionales la suben a ritmo de tempo —un esfuerzo de 7 sobre 10—, manteniendo una potencia constante y evitando cambios bruscos que disparen el lactato. La clave está en encontrar un desarrollo que permita un pedaleo redondo y fluido. La bajada hacia Sant Feliu es rápida y técnica, con buen asfalto pero curvas que obligan a frenar antes de entrar, prestando especial atención a las motos de la zona.

Ruta circular con la costa y regreso por la plana

Los equipos suelen diseñar una salida circular que combina montaña y mar: Girona – Medes – Sant Feliu – Palamós – regreso por Llagostera, unos 120 km con 2.200 metros de desnivel acumulado. Tras coronar y descender a Sant Feliu, se gira hacia la costa para enlazar con la GI-652 dirección Palamós, donde se rueda junto al mar. Este tramo, a menudo con viento de cara, sirve para trabajar la eficiencia aerodinámica en grupo. El regreso se realiza por la GI-660 o la GI-664, aprovechando la llanura del interior para rodar a ritmo de recuperación y asimilar el esfuerzo. Una sesión completa que replica las exigencias de una etapa de media montaña.

Coll de Sant Grau: el calentamiento perfecto

A solo diez kilómetros del bullicio de Girona, este pequeño puerto se erige como la puerta de entrada natural a las rutas del norte. Para los ciclistas profesionales que establecen su base en la ciudad, Sant Grau no es un destino en sí mismo, sino el prólogo indispensable de jornadas épicas. Lo utilizan para activar piernas antes de encarar el temido Rocacorba o como subida suave en días de rodaje, cuando el objetivo no es romperse sino acumular kilómetros con inteligencia. Su proximidad a la ciudad lo convierte en una extensión del garaje: en quince minutos de pedaleo tranquilo desde el centro, ya estás en la base del puerto.

Características y usos típicos

Subida de 4-5 km al 4-5%, sin rampas duras, con carretera ancha y buena visibilidad. Perfecta para calentar o para hacer series largas de baja intensidad.

La carretera asciende de forma progresiva, sin engaños, permitiendo encontrar un ritmo constante desde el primer metro. No hay curvas de herradura cerradas ni pendientes que obliguen a levantarse del sillón; simplemente un desnivel sostenido que invita a mantener una cadencia alta.

  • Se accede por la carretera de Sant Gregori, a la salida norte de Girona, con un asfalto generalmente en buen estado y poco tráfico en horas tempranas.
  • Úsala como primer puerto del día, subiendo a ritmo suave (esfuerzo 5/10) antes de encarar Rocacorba. Así llegarás con las piernas calientes pero sin haber gastado los cartuchos.
  • También sirve para bajar y subir varias veces en días de entrenamiento de cadencia: la pendiente regular permite mantener entre 90 y 100 revoluciones por minuto sin forzar la rodilla.

Enlace con la ruta de Rocacorba

La combinación Sant Grau + Rocacorba es el circuito más famoso de la zona, y no por casualidad. Tras coronar Sant Grau, los profesionales no vuelven a Girona; enlazan el descenso hacia Sant Martí de Llémena, un valle encajonado y tranquilo. Desde ahí, la base de Rocacorba queda a tiro de piedra, sin necesidad de atravesar la ciudad ni perder el hilo de la intensidad. Esta conexión ahorra tiempo valioso y, lo más importante, mantiene el ritmo de piernas: pasas de una subida suave a la rampa más dura de la comarca con las piernas ya en funcionamiento. Es el calentamiento perfecto para el esfuerzo máximo, la antesala de un puerto de leyenda.

La plana de Girona: rodajes de fondo y tempo

No todo es subir puertos. La llanura agrícola que envuelve Girona —un mosaico de campos de cereal, manzanos y robles dispersos— es el verdadero taller donde se forja la base aeróbica de los profesionales. Aquí, lejos del rugido de los desniveles del Rocacorba o Els Àngels, equipos como el UAE Team Emirates o el Ineos Grenadiers despliegan rodajes de fondo de cuatro a cinco horas, a menudo a ritmo de tempo, ese umbral exigente pero sostenible. Buscan construir el motor que luego explota en las cumbres alpinas o pirenaicas. La llanura no perdona: el viento de tramontana o la brisa marina del Mediterráneo, que se cuela por el corredor del Ter, convierte cualquier salida en un ejercicio de eólica aplicada, donde la eficiencia del grupo pesa tanto como la potencia individual.

Zonas clave: Fornells, Cassà y Llagostera

Fornells de la Selva es el epicentro logístico. Sus carreteras rectas y anchas serpentean entre polígonos industriales y campos de regadío, un lienzo perfecto para rodar en formación a 35-40 km/h. Los profesionales las usan como calentamiento o como tramo de alta velocidad antes de encarar los collados cercanos. El asfalto, renovado en varios tramos, permite mantener una cadencia alta sin sobresaltos.

Cassà de la Selva ofrece algo más que rectas. Los enlaces con la GI-664 y la GI-660 son un secreto a voces entre los directores deportivos: poco tráfico, curvas amplias y un firme que aguanta bien las lluvias invernales. Aquí se practica el relevo continuo, ese baile rítmico donde cada ciclista tira dos minutos antes de dejarse caer. En lugar de rodillos, hay tramos de 10-15 km donde se mantiene un esfuerzo constante, ideal para medir vatios y pulsaciones sin interrupciones.

Llagostera es el punto de inflexión. Marca el cruce entre la plana y las primeras rampas hacia Medes o la Costa Brava. Es habitual ver a los ciclistas acelerar aquí, simulando los últimos kilómetros de una clásica, antes de que la carretera se empine. Los profesionales valoran especialmente la escasez de semáforos y rotondas, que permite que el ritmo no se rompa. El tráfico es bajo, sobre todo por la mañana, y los agricultores locales ya están acostumbrados a ceder el paso a los pelotones.

Un rodaje típico de 180 kilómetros puede combinar dos vueltas a este triángulo, añadiendo pequeñas subidas de tercera categoría para mantener la frescura mental. El resultado: una sesión donde la técnica de pedaleo, la gestión del esfuerzo y la cohesión del equipo se pulen sin el estrés de la montaña. Para el cicloturista que quiera imitarlos, la recomendación es salir a primera hora y llevar siempre un GPS con track, porque las señales locales no siempre indican las rutas menos transitadas.