Girona no solo es la puerta de entrada a la Costa Brava; también es el paraíso secreto de los ciclistas que buscan retos serios. Si crees que tus piernas ya lo han visto todo, prepárate: estas siete ascensiones te harán replantearte tu resistencia. Hemos seleccionado las rutas con mayor desnivel de la zona por su dureza, paisaje y exigencia técnica. Aquí tienes los datos clave de cada puerto, consejos para afrontarlos y el recorrido exacto, para que solo te preocupes de pedalear hasta el límite.

Preparación previa y logística desde Girona

Cómo llegar y dónde empezar las rutas

Girona está a unos 100 km al norte de Barcelona. La conexión es directa en tren de alta velocidad y autopista, lo que la convierte en un punto de partida excepcional para el ciclismo de montaña y carretera. La mayoría de las rutas con más desnivel salen del casco antiguo, cruzan el icónico río Onyar por sus puentes de piedra y se adentran en carreteras locales bien asfaltadas y con poco tráfico, sobre todo fuera de la temporada alta. Si llegas en coche, puedes aparcar en las afueras del centro histórico y empezar a pedalear hacia las primeras rampas. En tren, la estación queda a menos de 15 minutos en bici de la zona de salida. Lo ideal es traer tu propia bicicleta, bien ajustada y revisada, o alquilar una en tiendas especializadas del centro, donde hay opciones de gama alta y media. Sin citar marcas concretas, la oferta local es amplia y los precios de alquiler rondan entre 40 € y 90 € por día, según el modelo y la temporada. Planifica salir temprano, sobre las 7:30 h, para aprovechar las horas frescas y evitar el calor del mediodía en las subidas más duras.

Equipamiento y avituallamiento recomendado

  • Lleva al menos dos bidones grandes (750 ml o más) y geles o barritas energéticas. Muchas subidas no tienen fuentes ni bares, y los tramos de ascenso pueden superar los 90 minutos de esfuerzo continuo.
  • Usa desarrollos compactos (34/50 o similar) y un cassette amplio (11-32 o mayor) para afrontar rampas del 15% en Rocacorba o los tramos más duros de Els Àngels. Un cambio de 11-34 te dará un margen extra de seguridad en los kilómetros finales.
  • Revisa frenos y neumáticos antes de cada salida. Los descensos son rápidos y con curvas cerradas, y un pinchazo o una pastilla gastada pueden arruinar el día. Lleva una cámara de repuesto, palancas y un inflador compacto.
  • Planifica repostar en pueblos como Canet d’Adri, Les Planes d’Hostoles o Besalú, según la ruta elegida. Allí encontrarás fuentes públicas y bares con terraza para rellenar botellas y tomar un café o un refresco. No confíes en encontrar servicios en los puertos; la mayoría están despoblados y sin infraestructuras. Calcula unos 1,5 litros de agua por cada 3 horas de pedaleo, y ajusta la cantidad según la temperatura y tu ritmo.

Ruta clásica: Els Angels desde el centro de Girona

Perfil y dificultad del Santuario de los Ángeles

Sin discusión, es la subida más icónica y accesible para cualquier ciclista alojado en Girona. No hace falta coche ni salir del casco urbano: desde la plaza de la Independencia o la Devesa, se empieza a pedalear hacia el oeste, se cruza Santa Eugènia y se toma la GI-531. Son unos 8 kilómetros de ascenso continuo hasta el santuario, con unos 480 metros de desnivel acumulado. La pendiente media ronda el 5-6%, exigente pero llevadera, y permite mantener un ritmo constante sin romperse. Aun así, no conviene confiarse: pasados el cruce de la ermita de Sant Llorenç, los últimos 2 kilómetros se empinan con rampas que superan el 9% en varios tramos, sobre todo en las horquillas que llevan al collado final. Es ideal para calentar piernas en una primera salida de la semana, o para tomar contacto con el terreno si vienes de fuera. El asfalto está en buen estado y los arcenes son amplios en la parte baja, aunque en la zona alta la carretera se estrecha y hay que vigilar los coches que suben al restaurante del santuario.

Variantes y recomendaciones para el descenso

El descenso hacia Girona es rápido y con curvas de radio cerrado; respeta los límites y ten cuidado con los cruces de carreteras locales. Los primeros 3 kilómetros de bajada son técnicos, con dos giros de 180 grados que obligan a frenar con decisión. A partir del kilómetro 5 la carretera se abre y puedes dejar volar la bici, pero ojo con los accesos a masías y el tráfico de los caminos rurales. Si el día está húmedo, recomiendo frenos de disco: el asfalto puede estar resbaladizo en las zonas sombrías.

Para los que quieran más, la ruta se alarga fácilmente. Una opción clásica es subir Els Angels dos veces: la primera como calentamiento y la segunda a tope, buscando mejorar el tiempo. Otra alternativa, más exigente y con más encanto, es continuar desde el santuario por la cresta hacia Llagostera, bajando por la carretera vecinal que atraviesa el bosque de les Gavarres. Desde allí, se regresa a Girona por el llano de la costa, sumando unos 25 kilómetros adicionales y 350 metros extra de desnivel. Esta variante ofrece vistas al Mediterráneo en días claros y evita repetir el mismo descenso. Si optas por ella, lleva suficiente agua: en la cima solo hay fuentes en el restaurante, y en Llagostera encontrarás dos o tres bares con terraza para repostar antes del regreso. En total, la versión simple son unos 55 kilómetros ida y vuelta desde el centro; la larga alcanza los 80, con un desnivel acumulado que supera los 1.200 metros. Suficiente para poner a prueba las piernas sin necesidad de una logística compleja.

Rocacorba: la subida más dura de la zona

Datos clave y tramos críticos

La ascensión a Rocacorba, desde Canet d’Adri, es la subida más exigente del entorno de Girona. No perdona un segundo de despiste. Son 12,5 kilómetros hasta la cima, con una pendiente media del 8,5%, pero esa cifra engaña: lo que la define son los tramos sostenidos por encima del 15%, sobre todo a partir del kilómetro 6. Los primeros 3 kilómetros, con su falso llano, invitan a ir demasiado rápido justo antes de que la carretera se empine sin descanso hasta la antena. En la parte central no hay un metro de respiro; las curvas cerradas enlazan rampas que castigan el cuádriceps y obligan a buscar el desarrollo más corto. Es una prueba de fuerza y gestión de ritmo, no apta para principiantes ni para rodajes suaves. Si llegas desde Girona ciudad, el acceso por Canet d’Adri ya calienta piernas, pero el muro real empieza cuando el asfalto se estrecha y las encinas dejan paso a la roca pelada.

Estrategia de ritmo y avituallamiento

Para subir Rocacorba sin bajarte a empujar, planifica la ascensión con cabeza. Estas son las claves:

  • Divide la subida en tres partes: la salida desde Canet d’Adri, con su tramo inicial engañoso; la zona central, donde las rampas superan el 12% de forma constante; y las rampas finales, cerca de la cima, las más duras y las que rompen las piernas.
  • No salgas a tope. El último kilómetro es el más exigente, con pendientes por encima del 15% y menos sombra que el resto. Si llegas fundido, será un calvario. Reserva un 20% de energía para ese tramo.
  • Lleva al menos dos bidones grandes: no hay ni una fuente en toda la subida. Canet d’Adri, al inicio, es el único punto de repostaje fiable; después, nada hasta la antena.
  • El descenso es técnico y rápido, con gravilla suelta en los bordes y curvas ciegas que exigen frenar antes de entrar. Baja con precaución, sobre todo en los primeros 4 kilómetros, donde el asfalto está más desgastado y hay piedras arrastradas por la lluvia. No te confíes: en Rocacorba, subir y bajar exige el mismo respeto.

Ruta a Besalú: colinas y descenso al valle del Fluvià

Ida con subidas y bajadas constantes

Desde Girona, la carretera hacia Besalú, de aproximadamente 35 kilómetros, es un auténtico rompepiernas que no da tregua. Nada más salir del casco urbano, el asfalto comienza a ondularse en un constante sube y baja: tramos de falso llano donde puedes mantener un buen ritmo se alternan con repechos cortos pero explosivos que te obligan a cambiar de desarrollo sin descanso. Estas cotas, aunque breves, alcanzan pendientes de hasta el 8% en sus rampas más duras, especialmente alrededor de Sant Julià de Ramis y, más adelante, cerca de Banyoles, donde el perfil se encrespa con pequeñas lomas que ponen a prueba tu capacidad de aceleración. No encontrarás puertos largos que exijan una preparación específica de montaña, pero sí la necesidad de gestionar bien las fuerzas, porque el ritmo nunca es plano. La recompensa llega en los últimos kilómetros antes de Besalú, cuando la carretera inicia un descenso pronunciado y técnico hacia el valle del río Fluvià. Las curvas cerradas y el asfalto en buen estado te permiten disfrutar de una bajada rápida, aunque hay que mantener la concentración: el desnivel se acumula y la velocidad es engañosa. El paisaje cambia de colinas suaves a un valle encajonado, con vistas al macizo de la Garrotxa al fondo.

Vuelta con ascenso gradual y final exigente

El regreso desde Besalú es donde realmente se decide la ruta. Tras recuperar algo de aliento en el pueblo, la carretera de vuelta a Girona plantea una subida larga y constante de unos 10 kilómetros. No es un puerto de categoría, pero su perfil sostenido, con pendientes medias del 3-4%, se hace pesado y exige mantener una cadencia estable. Lo más duro llega en los últimos 5 kilómetros, cuando el desnivel se intensifica y las rampas superan el 6% durante tramos prolongados, justo cuando las piernas ya empiezan a acusar los repechos de la ida. Es un tramo perfecto para entrenar resistencia y ritmo constante, porque no hay descansos: solo tú, la biela y una carretera que parece no terminar. El consejo es dosificar en los primeros kilómetros de la subida y guardar un punto de fuerza para el final. Antes de iniciar el retorno, aprovecha para detenerte cinco minutos en Besalú y cruzar su famoso puente medieval sobre el Fluvià; es una parada obligatoria que, además, sirve para bajar pulsaciones. La ruta completa, de unos 70 kilómetros, es ideal para ciclistas de nivel intermedio que buscan un entrenamiento exigente sin necesidad de enfrentarse a grandes puertos de montaña.

Sant Hilari Sacalm y Coll de Revell: puerto de fondo

Ascenso clásico de 20 km con pendiente estable

La carretera que lleva a Sant Hilari Sacalm desde Anglès, pasando por el Coll de Revell, es de las opciones más exigentes y gratificantes del entorno de Girona. No hay rampas brutales ni dobles dígitos que asusten al inicio; el reto es más sutil y demoledor: unos 20 kilómetros de ascenso continuo, con un desnivel que ronda los 700 metros y una pendiente media del 3-4% que nunca da tregua. Cada curva abre otra recta interminable, y el asfalto, aunque en buen estado, se convierte en un ejercicio de paciencia y gestión del esfuerzo. No hay falsos llanos: solo un goteo constante de metros que se acumulan en las piernas y, sobre todo, en la cabeza. Este puerto no te rompe por la fuerza, sino por la constancia; pone a prueba tu capacidad para mantener un ritmo aeróbico prolongado, sin picos de intensidad pero sin descanso real. Muchos lo comparan con una autopista hacia el cielo: el paisaje de hayedos y masías se abre poco a poco, pero la carretera sigue, tozuda, hacia arriba.

Uso como entrenamiento de fondo y opciones de extensión

Es la herramienta perfecta para construir una base sólida de cara a objetivos de larga distancia, y por eso muchos cicloturistas de la zona la incluyen en sus rodajes. No es un puerto para explotar, sino para dosificarse y mantener una cadencia media-alta desde el inicio hasta coronar. Para aprovecharla al máximo:

  • Rodajes de 4-5 horas: Combina esta subida con la vuelta por carreteras secundarias hacia Santa Coloma de Farners, o bajando hacia Arbúcies. El objetivo es mantener un esfuerzo constante en zona 2 o 3, sin series.
  • Enlace con la ruta de Olot: Desde Sant Hilari puedes continuar hacia la Garrotxa y enlazar con la ruta de Olot, sumando el Coll de Bracons o el Coll de Canes. Así la salida se convierte en una jornada épica de más de 100 km y 2.500 metros de desnivel acumulado.
  • Alimentación sólida obligatoria: El esfuerzo prolongado agota el glucógeno rápido. Lleva sándwiches de embutido o frutos secos; los geles no bastan para sostener un ritmo constante durante casi dos horas de subida.
  • Ojo con el descenso: La bajada hacia Sant Hilari, una vez coronado el Coll de Revell, es rápida, con curvas amplias y buen asfalto. Pero el viento lateral en zonas despejadas puede desestabilizarte, sobre todo con ruedas de perfil alto. Sujeta bien el manillar y no confíes en la inercia.

En resumen, no es un puerto de lucimiento, sino un examen de fondo. Ideal para días de invierno con luz corta: su pendiente suave permite mantener una media decente sin agotamiento extremo, y te dejará las piernas cargadas pero la moral por las nubes al saber que has superado una de las subidas más traicioneras de la provincia.

Zona volcánica de La Garrotxa: puertos cortos y explosivos

Características de las rutas alrededor de Olot

La comarca de La Garrotxa, con Olot como capital, rompe con la lógica de los grandes puertos pirenaicos. No hay ascensiones interminables de 20 kilómetros; en su lugar, un relieve volcánico castiga con repechos explosivos, rampas cortas y cambios de ritmo constantes que exigen tu capacidad anaeróbica. Las carreteras serpentean entre conos volcánicos cubiertos de hayedos y robledales, con tráfico muy reducido, sobre todo en días laborables. Los desniveles, aunque más breves que en otras zonas de Girona, resultan traicioneros: en solo 1 o 2 kilómetros aparecen rampas sostenidas del 10% al 12%, especialmente en las subidas a Santa Pau, el Coll de Canes o las laderas del volcán Croscat. Esta orografía es perfecta para quienes buscan entrenar potencia y golpe de pedal, ya que obliga a cambiar de ritmo sin apenas respiro entre puerto y puerto. El asfalto está en excelente estado en la mayoría de las vías comarcales, pero ojo con la sombra irregular: muchos tramos discurren entre bosque cerrado y otros a pleno sol, así que la protección solar resulta imprescindible incluso en días nublados.

Ruta circular recomendada y puntos de interés

Una opción clásica y exigente es salir de Olot hacia Santa Pau, subir al Coll de Canes y volver por Mieres. Son unos 60 kilómetros con unos 900 metros de desnivel acumulado, con paisajes volcánicos únicos que incluyen vistas al volcán Croscat y las fagedas de la zona. El asfalto es bueno y el tráfico muy escaso, pero hay zonas de sombra irregular; lleva protección solar.

Esta circular reúne lo mejor de la comarca. La subida a Santa Pau, de unos 5 km, supera el 10% en varios puntos; el Coll de Canes actúa como puerto principal; y el descenso técnico hacia Mieres estrecha la carretera y exige manejo fino de la bicicleta. No te pierdas el desvío a la Fageda d’en Jordà, un hayedo que crece sobre una colada de lava, aunque su carretera tiene firme irregular y está prohibida para ciclistas en horas de mucha afluencia. Para alargar la ruta, puedes ir hacia Sant Joan les Fonts, donde las rampas del 12% recuerdan que La Garrotxa no perdona. En Santa Pau encontrarás varios bares con productos locales para reponer fuerzas, pero en verano conviene llevar agua extra, ya que las fuentes públicas escasean en los tramos más boscosos.

Coll de Medes: joya poco conocida desde Les Planes d’Hostoles

Perfil técnico y pendientes medias

¿Buscas un reto serio lejos del bullicio de los puertos más famosos de la zona? El Coll de Medes es tu mejor secreto. A pocos kilómetros de Les Planes d’Hostoles, ofrece unos 10 kilómetros de ascenso ininterrumpido con pendiente media del 6-7%. Pero no te confíes: hay rampas puntuales que superan el 10% y te harán apretar los dientes. A diferencia de Els Angels o Rocacorba, que en verano se llenan de cicloturistas, aquí encontrarás soledad casi absoluta y asfalto en buen estado, con alguna zona recién reparada. La subida es muy regular, sin cambios bruscos de ritmo, con curvas amplias y visibilidad excelente para mantener un ritmo constante. No hay tramos rompepiernas ni falsos llanos traicioneros: es un puerto “honesto” donde cada pedalada cuenta. Lleva agua suficiente, porque en la parte alta no hay fuentes ni servicios. El esfuerzo se recompensa con vistas a la sierra de las Guilleries y, en días despejados, hasta el mar.

Cómo combinar con otras subidas de la zona

  • Enlace con Sant Hilari Sacalm: para una salida épica de unos 120 km y más de 2.000 metros de desnivel acumulado. Sube el Coll de Medes, desciende hacia Sant Hilari y vuelve a subir por su vertiente norte. Exigente, te hará sentir como un profesional.
  • Ruta circular por La Garrotxa: combina Medes con la zona volcánica de Olot y Santa Pau en un circuito de dos días con pernoctación. El segundo día puedes afrontar el Coll de Coubet o el Alto de la Serra. Ideal para una escapada de fin de semana.
  • Antes de subir, repón fuerzas en Les Planes d’Hostoles: el pueblo tiene fuentes públicas y varios bares con terraza para tomar un café, un plato de pasta o un bocadillo. Los lugareños, acostumbrados a los ciclistas, te indicarán el mejor punto de salida.
  • Descenso hacia el sur: la bajada es rápida, con curvas de radio medio y asfalto que permite trazar con confianza. Perfecta para practicar técnica de frenada y posición aerodinámica, aunque cuidado con la grava suelta en algunas curvas tras el invierno.

En resumen, el Coll de Medes es la joya que los ciclistas locales prefieren mantener en secreto. Perfecto para quien busca calidad de ascenso sin multitudes, y con infinitas posibilidades de combinación para alargar la jornada.

Consejos finales para entrenar y disfrutar sin riesgos

Planificación de días y recuperación

El mayor error que cometen los ciclistas que visitan Girona es querer conquistar todas las subidas emblemáticas en un mismo fin de semana. Cada una de estas rutas supera los 1.500 metros de ascenso; combinarlas sin criterio puede convertir una experiencia inolvidable en una lesión de rodilla o una tendinitis que te aparte de la bici durante meses. Si no estás acostumbrado a acumular más de 3.000 metros de desnivel diarios, no intentes hacer las siete rutas en una semana. Alterna días duros (Rocacorba, Sant Hilari) con rodajes suaves (Els Angels o La Garrotxa). La clave está en el contraste: tras una jornada exigente, el cuerpo necesita rodar a ritmo conversacional, sin forzar el plato grande, para activar la recuperación activa y eliminar el ácido láctico acumulado en el cuádriceps.

Incluye al menos un día de descanso total o de paseo turístico por Girona para permitir la recuperación muscular. La ciudad vieja, con sus calles empedradas y la Catedral, es perfecta para estirar las piernas sin subirte a la bici. Aprovecha también para revisar la bicicleta: tras 5.000 metros de desnivel acumulado, la cadena sufre, los frenos se desgastan y la presión de las cubiertas cambia. Un taller de confianza en el centro puede hacer una revisión exprés por un precio que ronda desde 25 € hasta 60 € por servicio básico, dependiendo del alcance de los ajustes.

Seguridad vial y meteorología

El asfalto de estas carreteras es, en general, excelente, pero la seguridad no depende solo del firme. Fuera de julio y agosto, el tráfico es muy bajo; en verano, en cambio, hay más coches de turismo. Sal temprano (antes de las 8h) para disfrutar de las carreteras vacías y del frescor de la mañana, especialmente en la ascensión a Rocacorba, donde el sol castiga sin piedad en las rampas finales. Consulta la previsión de viento, sobre todo en los descensos de Coll de Revell y Rocacorba: la tramontana puede cruzarte en curvas cerradas y derribarte incluso a baja velocidad. Si el viento supera los 40 km/h, pospone la ruta o elige una alternativa más resguardada como Els Angels.

Lleva siempre un kit de reparación y un teléfono con batería de repuesto. Estas rutas discurren por zonas con poca cobertura móvil, y una avería en mitad de la subida a Sant Hilari puede dejarte a horas de distancia del pueblo más cercano. Incluye también un chaleco reflectante y luces, aunque salgas de día: los túneles de la carretera de Les Gavarres son oscuros y estrechos. Y, sobre todo, hidrátate con electrolitos en cada salida de más de tres horas; el clima mediterráneo engaña, y la deshidratación es la causa más común de calambres en estas rutas.